Masterización
La última parada entre una mezcla terminada y su publicación: se ajustan nivel, timbre y orden para que las canciones encajen y sobrevivan al formato al que van destinadas.
El nombre viene de cuando un ingeniero grababa el original —el máster— en un disco de laca a partir del cual se prensaban los vinilos. El trabajo era tan técnico como estético: con demasiados graves la aguja saltaba del surco. El CD convirtió el máster en un archivo con códigos PQ que marcaban los límites de pista, y las restricciones pasaron de la física a los 16 bits y los 0 dBFS.
Las herramientas son pocas y discretas: ecualización, compresión (a menudo multibanda), un limitador y, al final, dithering hasta la profundidad de bits del formato de salida. Durante la guerra del volumen masterizar consistía sobre todo en sonar más alto que nadie. Desde que las plataformas de streaming normalizan a un objetivo en LUFS ese juego ya no lo gana nadie, y la dinámica ha ido volviendo poco a poco.