Guerra del volumen
Dos décadas de escalada en las que los discos se masterizaban cada vez más fuerte, hasta que no quedó rango dinámico que sacrificar.
La lógica era sencilla: lo que suena más fuerte parece mejor, al menos durante los primeros segundos en una tienda de discos o en la radio. El CD tenía un techo rígido en 0 dBFS, y los limitadores digitales permitían empujar el nivel medio hasta pegarlo a ese techo. Entre principios de los noventa y mediados de los dos mil, el nivel medio de la música pop subió unos 10 dB. El punto álgido suele situarse en Death Magnetic de Metallica, en 2008, tan recortado que los fans preferían la versión extraída del videojuego Guitar Hero.
La guerra no la ganaron los ingenieros, sino los algoritmos. Cuando las emisoras adoptaron EBU R128 y los servicios de streaming empezaron a normalizar a un objetivo en LUFS, una pista sobrecomprimida simplemente se baja al nivel de todas las demás, y entonces suena plana en lugar de fuerte.