Cromagrama
Un espectrograma plegado en doce filas, una por cada nota de la escala cromática, sin importar la octava.
Toda la energía que pertenece a un do —esté en 65, 131 o 523 Hz— va a la misma casilla, y lo mismo con do sostenido, re y así hasta si. Queda un vector de doce dimensiones por trama que indica qué clases de altura suenan, pero no en qué registro ni con qué instrumento. Takuya Fujishima usó la idea en 1999, con el nombre de pitch class profile, para reconocer acordes, y esa sigue siendo su tarea principal.
Perder el timbre es precisamente la gracia. La misma canción tocada con guitarra acústica o por una orquesta sinfónica da cromagramas parecidos, así que se usa para detectar versiones, estimar la tonalidad y alinear grabaciones con una partitura. La división occidental en doce semitonos viene de serie, claro, lo que la hace menos útil para músicas que reparten la octava de otra manera.