Ordenador de relés
El ordenador construido con la pieza básica de la red telefónica: miles de conmutadores electromecánicos traqueteando hacia una respuesta.
En los años 1930 el relé era el único componente digital probado que existía. Las centrales telefónicas lo usaban desde hacía décadas, conmutaba de forma fiable entre dos estados y podía pedirse por cajas. El Z3 de Konrad Zuse (1941), la serie de modelos de George Stibitz en Bell Labs y el Harvard Mark I (1944) se apoyaban todos en él, y el BARK sueco siguió en 1950.
El precio era la velocidad. Un relé conmuta en cinco a diez milisegundos y una válvula de vacío en un microsegundo aproximadamente, así que una multiplicación llevaba segundos y no fracciones de uno. A cambio, los relés rara vez fallaban de improviso, mientras que las 17 468 válvulas de ENIAC obligaban a una caza permanente de la que se acabara de fundir. Las máquinas de relés eran, por tanto, lentas pero terminaban antes, lo que en la práctica decidía qué problemas se calculaban de verdad. A mediados de los años 1950 habían desaparecido.