Enmascaramiento auditivo
Un sonido fuerte vuelve inaudibles los sonidos más débiles que tiene cerca, aunque sigan estando en la señal.
R. L. Wegel y C. E. Lane, de Bell Labs, lo midieron de forma sistemática por primera vez en 1924. Un tono enmascara sobre todo lo que está próximo en frecuencia, y el efecto se extiende mucho más hacia los agudos que hacia los graves: una línea de bajo puede tapar un sonido agudo y tenue, pero rara vez ocurre lo contrario. La anchura de la zona afectada la fijan las bandas críticas del oído.
El enmascaramiento actúa también en el tiempo. Un golpe fuerte oculta lo que viene después durante hasta un centenar de milisegundos y —lo que resulta menos intuitivo— unos pocos milisegundos de lo que vino antes, porque el cerebro procesa antes las señales intensas. Toda la idea de la codificación perceptual consiste en no guardar lo que de todos modos no se oye.