Licencia shrinkwrap
Condiciones de licencia guardadas dentro de una caja de software precintada, que se dan por aceptadas en cuanto se rompe el plástico.
La fórmula nació en los años ochenta, cuando el software se vendía en disquetes en tiendas y los fabricantes querían que su control sobreviviera a la venta. El problema jurídico salta a la vista: el comprador ya ha pagado cuando las condiciones se vuelven legibles. Los tribunales estadounidenses desconfiaron durante años. Vault contra Quaid (1988) anuló una ley de Luisiana pensada para validarlas, y Step-Saver contra Wyse (1991) concluyó que la nota dentro de la caja no formaba parte del trato.
El giro llegó con ProCD contra Zeidenberg en 1996: el juez Frank Easterbrook razonó que bastaba con que el comprador pudiera devolver el producto. Hill contra Gateway, al año siguiente, extendió la idea a las condiciones metidas en la caja de un PC. Cuando el software pasó a descargarse, la construcción emigró a un botón y se convirtió en clickwrap. El celofán ha desaparecido; la idea de que desenvolver es aceptar, no.