Clickwrap
Contrato que se celebra pulsando "Acepto": la forma de consentimiento en línea que los tribunales suelen dar por buena.
El nombre viene del shrinkwrap, en el que romper el plástico de la caja supuestamente equivalía a aceptar la licencia de dentro. Cuando el software empezó a descargarse, el consentimiento pasó a un botón del instalador y, más tarde, al formulario de registro. La prueba jurídica es la de cualquier contrato: el usuario debe haber tenido ocasión razonable de ver las condiciones y haber hecho algo que signifique un sí inequívoco.
Por eso las variantes han corrido suertes distintas en los tribunales estadounidenses. El browsewrap puro, con las condiciones escondidas tras un enlace al pie de la página, perdió en Specht contra Netscape (2002) y en Nguyen contra Barnes & Noble (2014). El sign-in-wrap, con un "al registrarte aceptas nuestras condiciones" junto al botón, sobrevivió en Meyer contra Uber (2017). Que nadie lea el texto es irrelevante; tampoco nadie lee su contrato de alquiler.