Computador humano
Durante trescientos años un «computer» fue una persona con papel, lápiz y una única operación que repetir sin cesar.
La palabra nombró un oficio mucho antes que una máquina. Desde 1767 Nevil Maskelyne organizó el Nautical Almanac de modo que cada tabla se calculara dos veces, por dos personas de forma independiente, y la conciliara una tercera: verificación de errores por redundancia, un par de siglos antes del ordenador. Se pagaba por página y el trabajo se hacía en casa.
En el siglo XX se industrializó. Las «computers» del Observatorio de Harvard clasificaban espectros estelares desde la década de 1880, y el Mathematical Tables Project de Nueva York empleó a unas 450 personas desde 1938 bajo Gertrude Blanch. La mayoría solo sabía las cuatro operaciones básicas, así que Blanch descomponía cada cálculo en pasos que una sola persona podía ejecutar sin entender el conjunto. Esa descomposición es lo que más tarde se llamaría un programa.
El oficio desapareció dentro de las máquinas que había bautizado. Cuando hubo que programar ENIAC, las seis programadoras salieron del grupo que calculaba a mano las trayectorias de artillería: eran las únicas que ya sabían qué se suponía que debía hacer la máquina.