Fallback EMV
Cuando el terminal no consigue leer el chip y pasa la banda magnética, es decir, retrocede de la tecnología segura a la que se puede copiar.
Los chips se rayan, se ensucian o simplemente mueren, y un terminal que entonces rechaza la tarjeta fabrica un cliente enfadado. Por eso EMV permite que, tras varios intentos fallidos de leer el chip, el terminal pida deslizar la banda. La operación se marca como fallback, de modo que el emisor ve que le falta el criptograma que el chip habría generado.
Los defraudadores entendieron enseguida lo que eso significaba: una banda clonada sobre una tarjeta con el chip destrozado a propósito era una forma de saltarse EMV por completo. La respuesta fue económica más que técnica. Con el cambio de responsabilidad, que llegó a Estados Unidos en octubre de 2015, paga el fraude quien tenga la tecnología más débil, y hoy la mayoría de los emisores deniegan el fallback sin más o solo lo admiten para importes pequeños. Cuantos menos lectores de banda quedan, menos problema queda.