Memoria de tambor
Un cilindro metálico giratorio con una cabeza de lectura por pista: la memoria principal de los años 1950, donde traer un número tardaba lo que al tambor le apeteciera.
Gustav Tauschek patentó el principio en 1932: un cilindro con una superficie magnetizable girando bajo una fila de cabezas fijas. Como las cabezas nunca se mueven, no hay tiempo de búsqueda, solo la espera a que llegue el trozo de superficie correcto. A doce mil revoluciones por minuto la media era de unos pocos milisegundos: lenta, pero más rápida y barata que las alternativas antes de la memoria de núcleos.
Dio lugar a un oficio de programación hoy perdido. En máquinas como la IBM 650 se colocaban las instrucciones a intervalos alrededor del tambor para que la siguiente pasara bajo la cabeza justo cuando se necesitaba; el ensamblador SOAP lo hacía automáticamente. Una mala colocación podía hacer el mismo programa diez veces más lento.