Memoria de línea de retardo
Memoria en la que los bits no están guardados sino viajando: pulsos de sonido enviados por un tubo de mercurio y reinyectados al llegar.
La técnica venía del radar, donde los ecos había que retardarlos para compararlos, y J. Presper Eckert la llevó a la construcción de ordenadores. Una columna de mercurio de un metro retarda un pulso de sonido alrededor de un milisegundo, suficiente para mantener un millar de bits en vuelo a la vez. En el extremo lejano el pulso se lee, se amplifica y se reenvía al tubo: la información existe solo mientras se mueve.
EDSAC y UNIVAC I construyeron así sus memorias. El inconveniente es el acceso serie: un número solo puede leerse cuando le toca pasar, y la temperatura afecta a la velocidad del sonido, así que el tubo debe mantenerse a calor uniforme. La memoria de núcleos dejó obsoleto el diseño a mediados de los años 1950, aunque variantes magnetostrictivas sobrevivieron en calculadoras y terminales hasta los años 1970.