Freeware
Programas que no cuestan nada pero que no son libres en ningún otro sentido: el código está cerrado y el autor se reserva todos los derechos.
Andrew Fluegelman acuñó la palabra en 1982 al distribuir su programa de terminal PC-Talk con la petición de que le enviaran dinero si gustaba. Llegó a registrar «Freeware» como marca, lo que obligó a otros a inventar el shareware para la misma idea. Con el tiempo, freeware pasó a significar simplemente gratuito, sin periodo de prueba ni pantallas de recordatorio.
La confusión con el software libre es eterna y errónea, aunque en español se nota menos: jurídicamente, el freeware es software propietario que resulta costar cero. No se puede modificar ni redistribuir salvo que la licencia lo diga. El modelo de negocio solía tener trampa: en los años 2000 mucho freeware se financiaba con instaladores que colaban una barra de herramientas en el navegador. Gratis era el programa, no la experiencia.