Software libre
Software que concede cuatro libertades –ejecutarlo, estudiarlo, modificarlo y compartirlo–: libre como en libertad de expresión, no como en cerveza gratis.
Richard Stallman formuló la definición a mediados de los años ochenta, en paralelo al proyecto GNU. Las libertades se numeran del cero al tres: ejecutar el programa con cualquier propósito, estudiarlo y cambiarlo (para lo cual hace falta el código fuente), redistribuir copias y distribuir versiones modificadas. Empezar en cero es en parte una broma de programador y en parte la consecuencia de que la libertad de uso se añadió la última, cuando las otras ya tenían número.
El concepto es ético, no técnico: lo que importa es el control del usuario, no el modelo de desarrollo. Ese tono moral fue precisamente lo que llevó a un grupo a lanzar en 1998 el código abierto como etiqueta más presentable ante un consejo de administración para, a grandes rasgos, las mismas licencias. Stallman lleva décadas explicando la diferencia. En español, al menos, nadie confunde «libre» con «gratis».