Conversión dinámica de divisas (DCC)
La pregunta «¿desea pagar en su moneda?» de un terminal en el extranjero, a la que casi siempre conviene responder que no.
El terminal lee el BIN de la tarjeta, detecta que se emitió en otro país y ofrece convertir el importe en el acto. Suena a servicio. Pero el tipo de cambio lo fija el adquirente o el proveedor del terminal, y el recargo suele ser de varios puntos porcentuales, muy por encima de lo que cobraría la propia red de tarjetas. El comercio se lleva una parte, lo que explica por qué a veces es el propio dependiente quien insiste en la pregunta.
La UE perdió la paciencia: desde abril de 2020, el Reglamento 2019/518 obliga a mostrar el recargo como porcentaje sobre el tipo de referencia del BCE antes de que el cliente elija. Los cajeros de zonas turísticas siguen esmerándose en redactar la pregunta para que «aceptar la conversión» parezca el botón seguro. Si se elige la moneda local, la red de tarjetas hace la conversión a un tipo bastante mejor.