Cifrado de libro
Cada palabra o letra se sustituye por una referencia (página, línea, palabra) a un libro que poseen tanto el emisor como el receptor.
La clave es el propio libro, y ahí están a la vez su atractivo y su defecto. Un volumen corriente en una estantería no levanta sospechas, pero quien identifique la edición puede leerlo todo. En 1780 Benedict Arnold y el mayor británico John André usaron así los Commentaries de Blackstone mientras Arnold preparaba la entrega de West Point a los británicos.
El caso más célebre son los cifrados Beale: tres series de números publicadas en la década de 1880 que supuestamente indican dónde hay un tesoro enterrado en Virginia. El segundo resultó estar cifrado con la Declaración de Independencia. Los otros dos siguen sin resolverse, lo que significa que el libro clave es desconocido o que alguien le gastó a la posteridad una broma muy larga.