Trampa de graves
Un absorbente pensado para domar las frecuencias bajas que los paneles acústicos finos ni rozan.
Los materiales porosos absorben mejor donde la velocidad de las partículas es alta, a más o menos un cuarto de longitud de onda de la pared. A 100 Hz la longitud de onda es de 3,4 metros, así que una placa de espuma de cinco centímetros no hace prácticamente nada con los graves. Por eso las trampas de graves son gruesas —a menudo decenas de centímetros de lana mineral— y van en las esquinas, donde coinciden los máximos de presión de todos los modos de sala.
La alternativa son las trampas resonantes: absorbentes de membrana o resonadores de Helmholtz afinados a una frecuencia concreta. Ocupan menos, pero cubren una banda más estrecha y exigen medir la sala antes. En un estudio casero con monitores de estudio, unas cuantas trampas en las esquinas suelen cambiar más que la siguiente mejora de altavoces; una lección que suele llegar justo después de esa mejora.