Contraseña
El método de autenticación más extendido y, con diferencia, el peor de los que seguimos usando.
El problema no es la contraseña en sí sino su reutilización: una filtración en un sitio irrelevante abre la cuenta del correo si comparten clave. Por eso las viejas reglas —símbolos obligatorios, cambio cada noventa días— fueron abandonadas incluso por el NIST: producían contraseñas predecibles que la gente apuntaba en un papel.
Lo que sí funciona es longitud, unicidad por sitio y un gestor que las recuerde. Del lado del servidor deben guardarse con funciones lentas y salteadas como bcrypt o Argon2; una base de datos con contraseñas en claro es negligencia, no mala suerte.