Tarjeta corporativa
Tarjeta que una empresa entrega a sus empleados para viajes y gastos, para que nadie tenga que adelantar dinero propio y esperar el reembolso.
La tarjeta lleva el nombre del empleado, pero la deuda es de la empresa, al menos en el modelo habitual de facturación centralizada. La alternativa, la responsabilidad individual, obliga al empleado a pagar el extracto y reclamar luego el dinero, lo que sobre todo aplaza un mes el problema de la nota de gastos. Durante décadas el mercado fue, en la práctica, American Express, cuya tarjeta verde se convirtió en el accesorio del viajero de negocios ya en los años sesenta.
Lo que ha cambiado es lo que ocurre después de la compra. Startups como Brex y Ramp construyeron su negocio sobre la idea de que la tarjeta y el sistema de gastos son el mismo producto: se fotografía el ticket en la app, la contabilidad lo imputa sola y los límites por categoría se fijan antes de que alguien se reserve un viaje de golf. El emisor gana con la tasa de intercambio, bastante más alta en tarjetas corporativas que en las de consumo.