Invierno de la IA
Las épocas en que se acabaron el dinero y la paciencia — y los investigadores empezaron a llamar a su campo de otra manera.
El primero llegó en los años setenta. El informe Lighthill de 1973 despachó la investigación británica en IA como estéril, DARPA retiró fondos tras el fracaso de los proyectos de comprensión del habla, y las promesas tempranas de la traducción automática seguían sin cumplirse. El segundo llegó hacia 1987, cuando el mercado de las máquinas LISP especializadas se hundió en cuestión de meses, en cuanto las estaciones de trabajo corrientes se volvieron más rápidas y baratas.
El patrón es el mismo las dos veces: expectativas infladas, resultados que funcionan en la demo pero no en el mundo real, y un giro brusco de la financiación. El efecto sobre el lenguaje merece mención — los investigadores dejaron de escribir «inteligencia artificial» en las solicitudes de financiación y pusieron «aprendizaje automático», «informática» o «apoyo a la decisión». Hoy el término se usa sobre todo como advertencia en los debates sobre el optimismo actual en IA.